(imagen destacada por ElEconomista.es)
Se acercan las elecciones y se ha generado la apariencia de que la disyuntiva del voto se ha borrado por las circunstancias económicas. La participación del señor Pérez Rubalcaba en los dos gobiernos de Zapatero, además de ser del mismo partido, lo criminaliza frente al electorado (y en mi opinión con razón, pues nunca dijo esta boca es mía). Sin embargo, no debemos olvidar que no es un problema de maniqueísmo partidista: gobiernos de derechas nos han ayudado a llegar también al mismo pozo, pues el cordero no tiene dos días. Además el endeudamiento más grave de de toda España, desde una perspectiva interna recordemos que es el del ayuntamiento de Madrid, donde ha gobernado el PP, con 6.776 millones de euros, con un reparto de 2.081€ per capita, mientras que Barcelona, donde hasta hace unos meses siempre había gobernado el PSOE, tiene 753 millones de euros, dejándoles 464 € a cada barcelonés. Y así podría seguir, pero se nos iría el vino en catas. Por tanto, el criterio no es la habilidad económica demostrada, sino la que se está dispuesta a demostrar, caiga lo que caiga.
Si pensamos que de este apuro es de los que se resuelven con un mandoble legislativo rápido y poco doloroso es que todavía no hemos ni olido el lío en el que nos hemos metido, y, por ello, a la primera de cambio estaremos pataleando decepcionados (como está ocurriendo en Cataluña; por otro lado, en Grecia son muy conscientes, de ahí el miedo al referéndum). La cuestión no es que hayamos tenido una mala mano en una partida de póker, sino que nos hemos viciado al póker. Nos quedan, como mínimo, diez años de desintoxicación en los que vamos a tener ejemplos suficientes para darnos cuenta de lo mal que hemos hecho las cosas y, por ello, tiempo para preguntarnos por qué hemos actuado como lo hemos hecho y, si todo el mundo ha actuado de este modo, cuál es el capítulo de Barrio Sésamo que nos hemos perdido. De lo que sepamos sacar en limpio sacaremos los nuevos ladrillos. Xavier Roig decía en la conferencia “Compendre per construir” que organizaba La Trama el pasado jueves 3 de noviembre que esta crisis iba a ser educativa porque íbamos a entender que los comportamientos tienen consecuencias. Así también lo había dicho el Papa en el Bundestag respecto de la ecología. Está claro que hay algo que se nos ha pasado, porque nuestras relaciones económicas y políticas, no paran de cantarlo. Toynbee, en su Estudio de la Historia, señala que en estas épocas de crisis (si es que no se ha llegado al colapso total…) se formulan como preguntas a las que las sociedad (especialmente sus minorías creativas) debe responder.
En estas elecciones ponen al papá estado, que ya se ha arruinado, en ese punto: sabiéndonos enfadados porque nos hemos quedado sin fiesta, nos puede decir la verdad o seguir con la mentira y convocar un referéndum. Yo, qué quieren que les diga, prefiero que me digan ya la verdad (aunque muchos posiblemente la hayan dicho porque eran la oposición y no les quedaba otra). Quizás estas sean las elecciones más democráticas de todas, porque puede que se empiece a romper la tiranía publicitaria del estado de bienestar (al respecto recomiendo ver la película 99 francos) a la que tanto políticos como ciudadanos estábamos encadenados y por tanto obligados en el gasto excesivo, tanto público como privado.
En ese sentido, desde la perspectiva de Cataluña, los dos partidos que exigen un cambio son PP y CIU. CIU, al arrasar en Cataluña tanto a nivel municipal como autonómico, ha demostrado su buena voluntad y se ha puesto a trabajar, a sabiendas del precio electoral. Y PP, aunque parece que se está conteniendo un poco hasta noviembre, parece que navega en las mismas aguas. Para el electorado catalán la cuestión es si existe disyuntiva real entre PP y CIU para unas elecciones generales; al menos para aquellos que no se muevan en términos ideológicos (bien porque no sean catalanistas, y por tanto jamás votarían al PP, o bien porque no sean españolistas, y por tanto jamás votarían a CIU). Antes de nada, desbancar el argumento del voto útil, pues parece del todo imposible que volviese a ganar el PSOE. La problemática que se plantea es respecto el escozor que provocan las tendencias “autonomistas” de CIU; utilizo esta palabra, no por defender a nadie, sino para evitar la deshonesta palabra “independentistas”, que aunque siendo en cierto sentido adecuada, es capaz de esconder en el bando opuesto las mayores ignorancias históricas respecto de lo que es o no es España, pues la uniformidad a la que quiere referirse no es española sino francesa, y, al mismo tiempo, tapar un debate realmente interesante. En mi opinión, dejando de lado la problemática ideológica, las cuestiones de autogobierno que quiere favorecer CIU pueden ser de provecho para toda España. Uno de los mayores problemas de España es la duplicidad (por no hablar de triplicidad con las diputaciones) en la distribución territorial del gobierno y el desnivel en la gestión tributaria. Este hecho puede sacar a debate político esta cuestión fundamental y dar mayor realismo y responsabilidad a los presidentes de las autonomías y al del gobierno. Tenemos una buena oportunidad de cambiar la situación inmovilista a la que nos había forzado la transición, dando así más espacio a una construcción social en medio de esta crisis. Cualquiera de estos dos partidos, o mejor dicho, la discusión política entre ambos, puede permitir un cambio más profundo y constructivo.











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